Y me sigue ese miedo estúpido a encontrarme con la soledad nocturna,
no por el pavor a lo desconocido, si no al encuentro con mis propios pensamientos:
a los fantasmas, a los errores, a ser cauta a la hora de soñar,
pues esa utopía no es más que otro mundo real,
aquel mundo real en que el subconciente se manifiesta,
y es exactamente eso a lo que temo,
pues es lo que siento, temo, pienso y/o tal vez deseo,
pero me empeño en reprimir como autorreflejo.